Hasselberger, Daniel

Icon Road: un viaje novelado a través de la historia del automóvil

2024
Letrame Editorial

En Mulhouse, Alsacia, los hermanos Schlumpf tenían una colección de 501 coches de 100 marcas  distintas dentro de una antigua fábrica textil. Para cuidar de la colección contrataron a una plantilla de  40 expertos del motor y restauradores de carrocería. A mediados de los años 70 estuvieron a punto  de inaugurar el museo automovilístico más grande del mundo. En cambio, los negocios textiles de los  hermanos Schlumpf se vieron interrumpidos por el auge de la industrialización de Asia, impidiendo  pagar a sus empleados. Los Schlumpf huyeron a Suiza, despidieron a la plantilla y cerraron todo. 

Los trabajadores, ante el disgusto de quedarse sin salario, pero con un patrimonio de coches intacto,  decidieron ocupar el almacén y abrir el museo. Con el dinero de las entradas recaudadas, se lo re partían entre ellos. Allí trabajaba Pierre, un alsaciano humilde de 70 años que dedicó toda su vida a  la restauración de las carrocerías para varias marcas, entre ellas, Bugatti. Un contable del museo se  interesó por sus anécdotas, tanto que las empezó a escribir.  

Todo empieza en 1889, en la Exposición Universal de París. En la sala de maquinarias, se presentaron  los primeros coches sin caballos. Uno de ellos era de Carl Benz; este funcionaba con esencia de pe tróleo. La falta del don de gentes de Benz no generaba inversores, por lo que su mujer, Bertha Benz,  tuvo que impulsar el proyecto. En 1888, Bertha, a escondidas de su marido, utilizó este coche para  realizar un viaje de poco más de 100 km con sus hijos para ir a visitar a su madre. Este pequeño viaje  hizo al invento de Carl Benz estar en boca de todos.  

En esta época el automóvil no generaba interés, los coches de caballos daban estatus a quienes los  poseían en una sociedad tan conservadora. A pesar de ser caros, peligrosos, antihigiénicos y con taminantes por las cantidades de estiércol que producían, seguía siendo la preferencia del público.  Por otro lado, las bicicletas tuvieron un éxito inmediato por su precio asequible, convirtiéndose en un  símbolo de modernidad y libertad para las clases bajas y mujeres. Muchas marcas actuales como  Peugeot, Bianchi u Opel empezaron fabricando y vendiendo bicicletas.  

Con el tiempo, los automóviles, especialmente los eléctricos, se convirtieron en un producto esnob  para las clases altas por su motor silencioso y por las ventajas medioambientales. Estos los utilizaban  para trayectos cortos dentro de la ciudad, ya que, su potencia aún no era alta y no eran muy seguros  para viajes largos. Para conducirlos se necesitaba tener mucha fuerza y conocimiento, los coches  eran muy pesados y no contaban con las asistencias de la actualidad por lo que muchos consumidores optaban por tener un chofer que fuese grande y fuerte que entendiese la mecánica del complejo  arranque del motor.  

Varias marcas empezaron a nacer y a producir coches, entre ellas: la actual Mercedes, Peugeot, Opel  o Renault. Para ver cuál era el mejor coche, se hacían carreras en vías públicas, normalmente con  accidentes mortales de los competidores. La carrera París-Madrid de 1903 marcó un cambio, apoya da por el rey Alfonso XIII de Borbón, terminó en una masacre, entre algunos muertos estaba Marcel  Renault. Tras la tragedia, se empezaron a poner límites de velocidad en las carreteras públicas. Al otro  lado del Atlántico, en Estados Unidos, Henry Ford estaba revolucionando la industria con un nuevo  sistema de producción. Hasta ese momento, el sistema utilizado era el taylorista en el que las condi ciones de los trabajadores eran pésimas. Ford implementó un sistema referente de eficiencia basado  en la cadena de despiece de los carniceros en el que se lograba una producción masiva con mejores  salarios y condiciones laborales resultando en el modelo Ford T (cariñosamente Tin Lizzie).  

Dentro de este panorama de lujo y competencia nacieron marcas emblemáticas. En primer lugar,  Rolls Royce se crea mediante la unión del ingenio de un pobre ingeniero perfeccionista Charles Royce  y del empresario adinerado Henry Rolls. La obsesión del trabajo de Royce dio paso a obras maestras  como lo fue el Silver Ghost de 1906, un coche silencioso y muy seguro para la época al que solo podía  acceder la clase alta. Por otro lado, en 1904 Hispano-Suiza fue fundada por el empresario catalán Damià Mateu y el ingeniero suizo Marck Birkigt. Ambos presentaron un modelo deportivo en el Salón del  Automóvil de París de 1910 en el que consiguieron 83 pedidos y posteriormente lo nombraron como  al monarca: HS-Tipo 45 Alfonso XIII, siendo el coche favorito del rey.  

Al final de los locos años veinte y de la era del art decó, concretamente en 1927, el grupo estadouni dense General Motors, hizo uno de los mayores avances para la industria del diseño automovilístico.  Los coches eran diseñados por ingenieros con una única intención: ser funcionales.

General Motors implementó el primer departamento de diseño bajo la dirección de Harley Earl. También tuvieron gran  relevancia por ser una empresa pionera en diversificar sus ventas en una escala de precios. Al ser  una agrupación de marcas, esta producía coches más económicos o coches de lujo. En esta escala  de precios Chevrolet lo ubicamos en el escalón más bajo y a Cadillac en el más alto. Poco a poco la  industria del automóvil mejoraba conforme a los avances tecnológicos. Citroën fue el primero en sustituir el chasis de madera por uno de acero, de esta forma, mejorando la seguridad de los pasajeros  ante un impacto.  

La Gran Depresión de los años 30 hizo que todas las marcas tuvieran que salir del paso reduciendo  sus precios, cerrando, o siendo abducidas por otras marcas como fue el caso de Bentley que pasó  a ser de Rolls-Royce. A medida que se iban recuperando, derivado del Art decó y del Futurismo de  Marinetti nace el Streamlining. Este estilo buscaba mediante formas aerodinámicas dar sensación de  velocidad y a nuestro protagonista, Pierre, le parecían los mejores diseños.  

En la primera y segunda Guerra Mundial, la industria automovilística quedaba relegada a un segundo  plano y su principal producción era armamento y transporte militar. En la Alemania nazi, las empresas  utilizaban mano de obra esclava para producir el KdF-Wagen (el Volkswagen Beetle), este se pagaba  a plazos y bajo demanda, siendo entregado en la última cuota del pago un Beetle azul grisáceo.  

Al caer Francia en manos de los nazis, las direcciones de las empresas fueron detrás. En contra de  esta ideología, Citroën y Peugeot boicoteaban al régimen generando una mala producción, trabajan do de forma ineficaz o creando averías, que finalmente resultaban en represalias hacia los trabajado res como torturas, traslados a campos de concentración o la muerte. Mientras, en secreto, Citroën y  Renault trabajaban en su propio automóvil del pueblo: el Renault 4cv y el Citroën TPV o 2cv (de los  primeros coches en ser diseñados a partir de un briefing). Finalmente, la guerra dejó Europa desvas tada y con una millonada de muertos civiles.  

Alemania mantuvo a flote Volkswagen, gracias a hacer productos económicos y para todos, a pesar  de haber sido ofrecida a otras empresas. El gobierno francés compró Renault y lanzó el 4cv, el coche  del pueblo de color amarillo, ya que aprovecharon la pintura sobrante de los aviones militares. Italia  también tuvo su coche del pueblo: el Fiat Nuova 500 y el 600, además de la Vespa: ligera, barata,  fácil de mantener y con la mecánica cubierta para no manchar ni romper la ropa. La Vespa fue todo  un símbolo de liberación para la mujer, ya que podían montar solas y con la vestimenta que fuese. En  España, a pesar de ser de los países más pobres, llegó el Seat 600 (bajo licencia de Fiat) junto a la  apertura de fábricas de otras marcas de coches. Sin embargo, los ciudadanos no tenían casi recursos ni para comer.  

En los años 1950, el coche se convierte en un símbolo de libertad, estatus e individualismo, renace el  Streamline y se caracteriza por usar carrocerías bajas, de formas redondas, agresivas y aletas trase ras con colores chillones con pinturas de calidad, junto a mejoras en la conducción como: dirección  asistida, servofreno o con cambio de marchas automático. Los ciudadanos podían acceder a com prarse un coche y volverse a comprar otro revendiendo en el mercado de la segunda mano. Un claro  ejemplo fue el Citroën DS o Tiburón de 1955. Más tarde, en 1960 en el dibujo de Alec Issigonis en una  servilleta nace el concepto de Mini, siendo un icono referente debido al cambio de la disposición de  la mecánica.  

A finales de los años 1960 los coches estilo cool o muscle cars como el Ford Mustang empiezan a ser  deseados por los más jóvenes, tanto que la empresa Mattel crea los Hot Wheels, unos juguetes con un  diseño medio realista, medio fantástico, que representaba la velocidad. Desde entonces, los coches  pasan a ser el centro de los movimientos socioculturales internacionales (cine, modas, arte, …).  

Finalmente, con las crisis del petróleo de 1973 y 1979 las normativas de seguridad y de emisiones  empezaron a ser más estrictas. Volkswagen cambió el Beetle por el Golf diseñado por Gioretto Giu giaro con líneas angulosas para modernizar su imagen. La tecnología de los coches era más sofisti cada y necesitaba de expertos y ordenadores de diagnóstico para arreglar averías.  

El museo de los hermanos Schlumpf abrió en 1982 en Mulhouse y, a pesar de todo, el automóvil se ha  convertido para nuestra sociedad en un elemento indispensable, cuya meta para todos los jóvenes  ha sido, al cumplir la mayoría de edad, aprender a conducir.

Reseña de:
Andrea Cano Fuster

D2PAM 2025-26. Diseño de producto, EASD València

Asignatura: Historia y Cultura del Diseño de Producto.

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