Teige, Karel

Anti-corbusier

2008, Barcelona
Universitat Politècnica de Catalunya. Iniciativa Digital Politècnica

Anti-Corbusier es una recopilación crítica sobre la figura y las ideas de Le Corbusier, elaborada por la Universitat Politècnica de Catalunya. A través de textos de Karel Teige y otros autores de la vanguardia europea, analiza la influencia y las contradicciones del arquitecto más representativo del racionalismo moderno. El libro muestra cómo Le Corbusier transformó la arquitectura en una disciplina técnica e industrial, donde la casa  se convierte en una “máquina para habitar” y la ciudad en un organismo racional. Sus proyectos, como el Plan Voisin para París, expresan la fe en la planificación científica y la estandarización, pero también revelan un espíritu autoritario y uniformador. Teige y sus contemporáneos reconocen su genio, pero cuestionan la pérdida de la dimensión humana y poética en su arquitectura. La obra propone, en suma, una relectura crítica del  legado corbusieriano, entre la utopía del progreso y el riesgo del control total.

RESUMEN

El libro Anti-Corbusier, publicado por la Universitat Politècnica de Catalunya, reúne escritos que analizan la figura y las ideas de Le Corbusier,  uno de los arquitectos más influyentes del siglo XX. A través de los textos de Karel Teige y otros autores de la vanguardia europea, como Walter Gropius y Peter Behrens, el documento revisa tanto el entusiasmo como las críticas que despertó su pensamiento. El título “Anti-Corbusier”  no busca negar su importancia, sino invitar a una lectura crítica de su legado. 

Le Corbusier concibió la arquitectura como un producto de la era industrial. Frente a la tradición artesanal e histórica, propuso una arquitectura  racional, científica y funcional, basada en la técnica, la higiene y la eficiencia. Sus edificios debían ser máquinas perfectamente diseñadas para  cumplir su función: de ahí su famosa idea de la “casa como máquina para habitar”. La belleza ya no estaba en el adorno, sino en la precisión y  la utilidad. Esta visión transformó el papel del arquitecto, que dejó de ser un artista decorador para convertirse en un organizador de procesos  industriales. 

Su pensamiento también se aplicó a la escala urbana. En su proyecto de “La ciudad contemporánea” y especialmente en el Plan Voisin para París  (1925), Le Corbusier imaginó una metrópolis de rascacielos geométricos rodeados de grandes zonas verdes, con tráfico perfectamente ordenado y viviendas colectivas estandarizadas. Creía que la planificación racional y la eliminación de los barrios antiguos insalubres eran necesarias  para la vida moderna. Sin embargo, esa visión implicaba una fuerte centralización y uniformidad, sustituyendo la diversidad del tejido urbano  por un orden total y controlado. Teige y otros críticos advirtieron que este ideal de perfección técnica podía volverse autoritario, reduciendo la  ciudad a una máquina sin alma. 

En el campo de la vivienda, Le Corbusier defendió la industrialización de la construcción. Sostenía que las casas debían fabricarse en serie, con  piezas prefabricadas, igual que los automóviles. La estandarización traería viviendas más baratas, higiénicas y funcionales, accesibles para todos.  Proyectos como las casas Frugès o el pabellón L’Esprit Nouveau mostraron esa aspiración a una arquitectura democrática y moderna. Sin embargo, Teige señaló el riesgo de que la vivienda, al convertirse en producto técnico, perdiera su dimensión humana y simbólica: el hogar no es solo  un objeto útil, sino también un espacio de identidad y de vida espiritual. 

El texto también revisa la polémica del Palacio de la Sociedad de Naciones en Ginebra (1927), donde el proyecto moderno de Le Corbusier fue  rechazado por motivos políticos. Este episodio simbolizó el enfrentamiento entre el arte moderno y las instituciones conservadoras. Le Corbusier respondió publicando Une Maison – Un Palais (1928), donde afirmaba que una casa bien concebida podía tener la dignidad de un palacio,  porque la verdadera nobleza de la arquitectura no reside en la ostentación sino en la armonía entre técnica, función y belleza. En sus conferencias en Praga, Le Corbusier defendió la idea de que la técnica podía ser la base del lirismo: una arquitectura podía ser al mismo  tiempo científica y poética. La precisión técnica, decía, no elimina la emoción, sino que la hace posible. La modernidad debía unir la razón y la  sensibilidad, el cálculo y el arte. 

El texto concluye mostrando la doble herencia del corbusierianismo: por un lado, su enorme contribución al desarrollo de la arquitectura mo derna; por otro, su tendencia a imponer un modelo único de ciudad y de vida. Anti-Corbusier invita así a reconsiderar su figura desde una mirada  contemporánea, reconociendo tanto su fuerza innovadora como sus límites. La obra plantea, en definitiva, una pregunta vigente: ¿hasta qué punto la arquitectura moderna, nacida del progreso técnico, puede seguir siendo un instrumento de libertad y no una forma de control?

Reseña de:
Helena Pérez Espí

D2PBM 2025-26. Diseño de producto, EASD València

Asignatura: Historia y Cultura del Diseño de Producto.

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