Barsac, Jacques

Charlotte Perriand et le Japon

2000 Paris
Ediciones Norma

Charlotte Perriand fue invitada formalmente por el gobierno japonés para participar en la creación del diseño interior y la producción industrial durante el otoño de 1940, cuando se estaba llevando a cabo la Segunda Guerra Mundial. No era un viaje fácil, pues Japón estaba atravesando una etapa difícil, con la guerra a la vuelta de la esquina y una modernización rápida que coexistía con tradiciones profundamente arraigadas. Esa diferencia entre lo antiguo y lo nuevo fue fundamental para su experiencia en ese lugar y para el desarrollo de sus ideas acerca del diseño y la arquitectura. 

Antes de hacer el viaje, Perriand se tomó el tiempo para analizar la nación, no únicamente desde la perspectiva técnica, sino también desde la cultural. Era consciente de que su función no era llegar y enseñar, sino dialogar y aprender. En Tokio, se topó con una ciudad asombrosa, en la que la tradición arquitectónica y la modernidad industrial coexistían. 

Allí se encontró con Junzo Sakakura, un arquitecto japonés joven que había colaborado en el estudio de Le Corbusier. Él se volvió su puente cultural y profesional, y con el paso del tiempo, también un compañero con quien intercambió inquietudes y proyectos. 

No se pudo evitar el choque cultural en los primeros días. No obstante, Perriand no se amilanó. Visitó casas tradicionales, inspeccionó talleres y vio la manera en que las personas vivían y cómo cada cosa, por simple que fuera, satisficiera una necesidad práctica sin sacrificar la belleza. Se sintió asombrada por cómo el espacio doméstico se ajustaba a las necesidades de las familias y por la armonía entre lo funcional y lo estético. En esas primeras reuniones, ella se dio cuenta de la extraordinaria similitud entre los principios del diseño moderno que había estado promoviendo en Europa y la estética japonesa. 

Su trabajo oficial, bajo el Ministerio de Comercio e Industria, se enfocaba en analizar los métodos de producción que ya existían, sugerir técnicas más actuales y, principalmente, mejorar sin interrumpir la tradición. Los problemas no tardaron en surgir: la carencia de materiales debido al conflicto bélico, las disparidades culturales y las expectativas de la institución hicieron que cada decisión demandara paciencia. Sin embargo, Perriand se destacó precisamente por eso: en vez de imponer sus ideas, escuchaba a los artesanos y aprendía de ellos. 

A través de estos intercambios fue creando una red de contactos (artesanos de la madera, del metal, del textil) que se convirtieron en piezas esenciales para sus proyectos. Gracias a esas colaboraciones, consiguió integrar soluciones culturalmente aceptables y técnicamente viables, al mismo tiempo que inspiraba a sus “colegas” japoneses a experimentar con nuevas formas de combinar tradición y modernidad.

El resultado fue una muestra que asombró por su coherencia y naturalidad. Mostró muebles modulares, flexibles y diseñados para aprovechar al máximo el espacio en casa, con un diseño que combinaba la funcionalidad contemporánea con la sobriedad japonesa. La exhibición fue exitosa y estableció a Perriand como una intermediaria cultural entre Occidente y Oriente. Ella misma afirmaba que, a partir de esa experiencia, había llegado a la conclusión de que el diseño no solo consiste en una cuestión técnica o de forma, sino también en una cuestión de entendimiento humano. 

Perriand no era la misma cuando regresó a Francia en 1942. Su forma de comprender el diseño había cambiado. Se trajo de Japón un modo de observar: la hermosura en lo simple, la importancia de los materiales naturales y el pensamiento de que el ambiente y el ser humano deben coexistir en armonía. En sus trabajos más recientes —como las estaciones de esquí de Les Arcs, sus colaboraciones con Cassina o sus interiores urbanos— es evidente esa influencia japonesa. En su obra, todo empezó a centrarse en la funcionalidad, la armonía y el vínculo con la naturaleza. 

Con el tiempo, Charlotte Perriand se transformó en un medio de difusión de la cultura japonesa en Europa. Más allá de su trabajo como diseñadora, estableció una filosofía: el diseño tenía que ser bello, útil y respetuoso; debía ayudar a las personas y hacer mejor su vida diaria sin imponerles nada. Su trabajo demostró que la modernidad no se trataba de eliminar el pasado, sino de hacerlo avanzar.

SINOPSIS

Durante su estancia en Japón en plena Segunda Guerra Mundial, la diseñadora francesa Charlotte Perriand descubrió una nueva manera de entender el diseño: no como imposición, sino como diálogo entre culturas. Invitada por el gobierno japonés, Charlotte Perriand tenia como objetivo fusionar la modernidad industrial con la tradición artesanal, siempre con respeto y observación. Allí entendió que la belleza se encuentra en la armonía entre lo útil y lo estético, así como en la sencillez. Su obra posterior en Europa fue profundamente marcada por esa experiencia y su pensamiento cambió. Por medio de su perspectiva, el diseño se transformó en un puente entre Occidente y Oriente, así como entre el pasado y el futuro. 

El libro ilustra de manera motivadora, como el diseño puede ser un instrumento de comprensión humana, recomendable para aquellos que creen que crear es también aprender y compartir.

Reseña de:
Mauro Torres

D2PAM 2025-26. Diseño de producto, EASD València

Asignatura: Historia y Cultura del Diseño de Producto.

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